EDITOR LOGO: THE ACHACACHI POST™ ¿Lustro, joven?

© by Victor Hugo Viscarra

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C

ontra lo que digan y escriban los fabulistas, poetas y cuentistas infantiles, el niño que en este momento me está lustrando los zapatos descachados, es en realidad un anciano disfrazado de mocoso. En sus ojos no existe la más leve huella de la inocencia y en su rostro hay un rictus de amargura tan palpable, que ni siquiera su fingida alegría puede ocultar.

Sus manos pequeñas, percudidas por tintas, cremas de calzados y suciedades, manejan con tal destreza las escobillas, que un profano no puede imaginar siquiera que esas escobillas son los juguetes que la vida le ha obsequiado, y que si él las maneja con presteza y agilidad es porque a esos "juguetes" los ha llegado a querer con tal intensidad, puesto que si bien no le sirven para jugar, por lo menos le ayudan a ganarse los centavos necesarios para comprarse un escuálido plato de comida.
Esa suma de dinero no creo que ayude con el tiempo a construir una fortuna, porque, como el cambio fiduciario representa algo así como cinco centavos de dólar, esa suma no sirve de nada; pero, como la impotencia reprimida es la creadora de los paraísos artificiales, él ha aprendido que reuniendo el equivalente de tres pesos, con esa suma se puede comprar un pomo de "thiner", y así escapar de su micro mundo existencial para alcanzar el macro cosmos de lo irreal, absurdo y fantástico.
Una vez que ha terminado su trabajo y con manos expertas guarda en su cajón sus herramientas de laburo. Sabiéndose cómplice involuntario de su hazaña, saca de un escondrijo un pomo pequeño, y tras mirar a ambos lados y no advertir nada sospechoso, lo abre con manos imprecisas y se lo lleva a las narices. Un "Ah…" satisfecho escapa de sus labios después de haber respirado parte del contenido del pomo, y, cuando comprende que yo estoy enfrente suyo, con esa ingenuidad que existe en las almas prematuramente envejecidas, me alcanza el pomo al tiempo que dice: "Échale un tantacito de k'olo, que ya no vas a ser tan tacaño y de buena gente me vas a regalar algunos quivos extras…"
Cuando este niño–anciano, un ser que no sabe de alegrías y bienaventuranzas, me ofrece un pasaje barato al universo etéreo donde no existen el hambre, el llanto, la violencia y el marginamiento, yo llevado por mis entupidas concepciones, me atrevo a rechazarlo.
Y es mas, los veinte centavos que debo cancelarle por su trabajo, me están quemando los bolsillos.
Fuente: VIZCARRA, Victor Hugo, Alcoholatum y otros drinks, La Paz, Bolivia: Correveidile™, paginas 72 - 73.