EDITOR LOGO: THE ACHACACHI POST™Mi enamorada

© by Victor Hugo Viscarra

Picture and all artwork © 2008 by THE ACHACACHI POST™

S

i dicen que hay mujeres fatales, vampiresas, devoradoras, infartantes, y demás vainas, puede ser cierto, como también no. Me explico. De un tiempo a esta parte, vale decir, desde que tengo uso de razón, nunca había conocido una muchacha que aparte de ser todo lo aceptablemente buena que un ser subdesarrollado puede aspirar, cada día te llevaba hasta los umbrales de la lujuria y de la muerte.

Y es que una de las pocas exigencias que ella tenía para conmigo las veces que sus viejos no le daban permiso para ir a pasear por cualquier parte— ¿Dónde queda cualquier parte?—, era para meternos al cine, y allí, meta a actualizarnos con todos los tejemanejes relativos a las artes carnales, ni hay que ser adivino para caer en cuenta de la clase de películas que veíamos, y que de tanto verlas, ya no encontrábamos nada novedoso en ellas, porque el chiste era puro besuqueo, relajo, y contorsionismo.
Mas, como ambos éramos hijitos decentes y maleducados, pronto no aburríamos de ver dichas películas. Pero no podíamos hacer nada al respecto, porque en el barrio no había otro cine, y además éste tenía la ventaja de tener un baño aceptablemente cómodo, lo cual no ahorraba el gasto que implicaba pagar un alojamiento.
Pero acompañarla hasta su casa era mas que lúgubre y aterrador, a lo menos las noches en que, promediando las doce, nuestro paso tenían que llevarnos hasta allí. Porque claramente—yo al menos—podía escuchar como las almas de los que habían muerto sin cometer pecado alguno llamaban a las otras almas que querían compartir sus culpas, para disfrutarlas plenamente antes de arrepentirse como manda la ley.
Era entonces que yo me hacia la promesa de terminar para siempre con ella y de esta manera poder volver a vivir tranquilo, puesto que en esas noches—ojala de ellas me quede solo de recuerdo—perdía la noción del sueño, y mis ojos se negaban a cerrarse.
Pero, mientras mas me lo prometía, las ganas de estar su lado eran mas intensas, y ni bien se me pasaba el susto, como huanaco iba a esperarla a la salida de su trabajo—creo que era dama de compañía porque le acompañaba a un viejito a hacerle las horas menos solitarias—, y el tormento comenzaba de nuevo. Poco a poco mis cabellos se fueron blanqueando imperceptiblemente, y si antes tenia miedo a los aparecidos, ya empezaba a temer hasta a los que no me aparecían.

Picture and all artwork © 2008 by THE ACHACACHI POST™ Y ahora que esta cháchara ya esta de buen tamaño, hay que abreviarla y decirles que ella vive ella vive en la calle ubicada atrás del cementerio, justo en la esquina donde esta ubicada el cine porno de la zona y la funeraria El Buen Morir. Con esto creo que esta aclarado todo. Claro, no estaría demás aclarar que, así como su tíos son los dueños del cine, su hermana mayor es propietaria de la pompas fúnebres, y la mama es la dueña de la tienda ubicada entre ambos locales, y que da justamente a la puerta de salida del campo santo.
Fuente: VIZCARRA, Victor Hugo, Ch’aqui fulero. Los cuadernos perdidos de Víctor Hugo Viscarra, La Paz, Bolivia: Correveidile™, 2007, paginas 47 - 49.