Testamento
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Y a todo esto, cuando uno se va para no retornar, �por qu� siempre tiene que dejar constancia de sus bienes? �Ser� para apantallar a los dem�s demostrando lo que uno tiene y los otros no? �Acaso es un formulismo que hay que llenar para acceder al Purgatorio?
Recuerdo los casos de aquellos carnales m�os que, viviendo en paup�rrimas condiciones y priv�ndose a�n de lo necesario, una vez difuntos hicieron conocer a los moros y a los que no lo son, que eran poseedores de ingentes fortunas que fueron aprovechadas por las primeras aves de rapi�a que llegaron hasta esos botines.
Dem�s estar�a el agregar que ellos fueron enterrados en fosas comunes y hoy tan s�lo viven en el est�mago de los gusanos que los devoraron, aunque ellos fueron m�s huesos que carne por las innumerables dietas forzadas a las que voluntariamente se somet�an.
Hace mucho tiempo �seg�n cuentan las cr�nicas� un avaro de esos, consciente del peligro que corr�a su fortuna ante la proximidad de su deceso, recibi� el consejo de que, antes de morir, se la comiese o se la bebiese. Y �l, ni cojo ni manco, hizo caso y, claro est�, muri� porque los billetes ingeridos le causaron tal congesti�n estomacal que su agon�a, dicen, fue terrible.
Es por eso que, cuando a�n me quedan fuerzas para redactar la repartija de mis bienes, los entregar� de acuerdo a las necesidades de mis herederos y las posibilidades m�as. Empecemos.
Todos mis libros, absolutamente todos, los dono a la Biblioteca de Alejandr�a, puesto como los he perdido irremediablemente, presumo que a ese lugar han ido a parar.
Aquellos libros que prest� y no me los devolvieron, �ojal�! les sirva de mucho a los que, sufriendo de amnesia, no recordaron que dichos textos tuvieron un due�o original y si en un principio me sirvieron como gu�as y educadores, tengo la remota esperanza de que a ellos, a esos ex amigos, los saque del estado de analfabetismo ancestral en el que yacen.
Los textos que me fueron robados, ignoro a qu� manos han ido a parar, quedan en calidad de perdidos, porque, ya que no pude hacer nada para retenerlos, menos puedo hacer para recuperarlos.
Mis pensamientos los cedo a la humanidad entera, no para que los aprovechen sino para que aprendan c�mo en el m�s completo estado de abandono, un ser humano puede cultivarse y educarse sin pasar por institutos, universidades, simposios, congresos, postgrados, maestr�as y dem�s tucuymas.
Todas mis deudas se las dejo generosamente a mis acreedores, porque sabiendo que yo vine al mundo sin traer nada �c�mo voy a tener algo para pagar deudas a otarios y prestamistas? Ya lo dec�a mi ex amigo Ojo de Vidrio: "El deber es de caballeros y el cobrar es de cholos".
Adem�s, �por qu� tendr�a que pagar algo si no recuerdo haber recibido pr�stamo alguno? Lo que s� s� es que cada obrero es digno de su salario. Por lo tanto, lo �nico que hice fue cobrarme las lecciones que les di, pues, desasn�ndolos, los culturic� un poco (digo "un poco", porque tampoco puedo hacer milagros volvi�ndolos genios en dos patadas y un t�ajlle) y ese tipo de vocaci�n de servicio no tiene precio conocido.
Las pocas ropas que poseo son s�lo para m�, porque si las cedo a alguien, �con qu� voy a cubrir mis desnudeces? Tuve mucha ropa y gran parte la he obsequiado. Otras las prest� y no me las han devuelto. Las m�s fueron "nacionalizadas" apenas yo abandonaba aquellos refugios espont�neos donde, en las noches y en los d�as, iba a reposar mi cansancio. Si bien en muchas oportunidades yo me jactaba de poseer buenas colecciones de prendas de vestir, tambi�n existen fechas como la presente, cuando las madrugadas me sorprenden vistiendo tan s�lo una muda de ropa.
Por eso es que determino que mis pobres harapos los dejen conmigo. Que no se los lleven, que me permitan conservarlos. Aunque, claro est�, si a alguna persona les son de utilidad todav�a, se las entreguen, que yo, solidario como el viento que sopla por igual a los mortales, animales y minerales, creer� haber encontrado en ese viento generoso, el abrigo que cubra mis partes p�beres y caliente mis anquilosadas extremidades.
A los que se jactaban y se jactan todav�a de ser mis enemigos, les dejo mi perd�n, con la certeza de que jam�s tom� en cuenta sus malevolencias. Siempre supe que es mejor no vivir amargado colocando una venda de indiferencia a los ultrajes recibidos, perdonar agravios e injurias para reconciliarse con Dios y con el diablo y, por ende, con la propia naturaleza.
Mi pobre coraz�n, hecho pomada desde los tiempos en que �ramos ingenuos y c�ndidos y con el que recorrimos los caminos de la frustraci�n y el desenga�o, lo dejo a todas aquellas personitas que se divirtieron hasta el cansancio con sus artima�as y juegos sentimentales. A esas personitas que supieron poner en pr�ctica sus ardides y ma�as femeninas, lastimando a su gusto mis p�lidos estertores personales, para dejarme llorando mi desconsuelo en cantinas y chicher�as, donde est�pidamente yo mor�a ahogado en ingentes cantidades de licor, resucitando en medio de mi tragedia y volviendo a morir, mientras ellas, felices y contentas.
S�lo a ellas les pertenecen los gui�apos de mi devaluado coraz�n, los restos que quedaron de mi compa�ero de caminos y amaneceres. Si ellas, que fueron, son y ser�n siempre para m� las criaturas m�s bellas que poblaron la tierra, desean guardar leve memoria del �nico ser que las ha adorado como a diosas, desde donde yo est�, siempre ir� para ellas una oraci�n de agradecimiento porque, con sus besos, sus mimos y sus desdenes, sus burlas y sus palabras melodiosas, lograron darme el aliento y fuerzas necesarias para que yo persista en se camino pedregoso de pretender ser amado, sin reconocer que amar era algo que yo nunca hab�a aprendido.